Roma – Belgrano – Barcelona – Buenos Aires

Marzo 17, 2008 at 4:10 pm (Viajes)

De vuelta en el hostel de Roma, chequée que estuviera todo ahí. Mi mochila seguía en el mismo rincón, y mis papeles (lo que me daba pánico) seguían en el locker de la canadiense, que me lo ofreció después de que me enterara que la caja fuerte de la que hablaba la página del hostel… era la alacena de la cocina. Salí a comprarme comida. Lo único que encontré abierto fue un restaurant, obviamente fuera de mi alcance financiero… entré a ver si me podía comprar aunque sea un poco de pizza. No, no podía. Así que salí con coca cola y pizza sin nada. O sea, pan. Por un huevo de guita.

Me despierto a las 4 y pico de la mañana y salgo así, solita mi alma, para la estación de tren. Voy caminando tranquila, consciente de que empezaba mi último día en Europa. Cruzo una plaza, así perdida en mi melancolía y casi me choco con algo. Levanto la vista y me encuentro con… un monumento a Manuel Belgrano. Si, si, el de los billetes de $10 jaja. Imagínense lo bizarro de la situación: una plaza cualquiera de Roma, las 5 de la mañana, de noche todavía… y me encuentro con un Belgrano fluorescente. Muy loco. Sería un mensaje divino?

Llego a Barcelona sin problemas. Sólo me tuve que despedir de mi tijerita de uñas que me había olvidado en mi mochila y apareció radiografiada en el aeropuerto. El tipo me dice que si quiero, la puedo ir a despachar. Lo miro con cara de te-crees-que-voy-a-despachar-una-tijera y sigo viaje. Llego a mi casa, sólo esta Zakya con la beba. Me parte el alma así que una hora antes de irme otra vez para el aeropuerto, la abrazo y la dejo con Zakya. Llega la madre de los chicos que me dice que me va a mandar en taxi al aeropuerto. Yo la miro con puchero así que me dice que ok, me lleva. La última locura de su parte se la manda antes de que yo me vaya… Me dice: “están por llegar los niños y no quiero que te vean. Espera en el patio”. Y me manda con valijas y todo al patio. Los escucho llegar y -rodeada de bolsos, bolsas y bolsitas- empiezo a llorar cuando veo que no me voy a despedir de ellos. Después de 3 meses viviendo con ellos y sus mambos, me tuve que ir por la puerta de atrás. Total, con suerte, en 2 meses los convence de que yo era una amiga imaginaria.

Partimos para el aeropuerto. Yo seguía llorando y ella que me decía que así era lo mejor. Cuando llegamos, me abraza y sale corriendo, dejándome en El Prat 3 o 4 horas antes del vuelo. Tiempo que me sirve para calmarme y entender que me estoy volviendo a casa. A la ida habíamos ido en Business… A la vuelta, me tocaba un clase turista comunacho comunacho. A la ida, ni miraron mis valijas, bien podría haber llevado un talibán en la mochila… a la vuelta, me entero que el máximo de kilos para llevar era de 20. Y mi valija más chiquita ya pesaba el doble. Llego al mostrador con cara de pobre santa y 2 valijas, 1 mochila de mochilera, otra mochila y una bolsa. El tipo me mira con cara de me estás cargando. Empiezo a hablarle, lo trato de Señor, cuando es obvio que es igual o más chico que yo. Le digo: fueron 3 meses, señor! Me contesta: 3 meses son los que me quedan a mi aquí si yo te dejo pasar con eso!!!! Al final mi cara de pobre santa y mi conversación non stop lo convencen y despacho mis valijas con un total de 80 kilos jajaj.

El avión llega tarde a la escala, por lo que tengo que correr desde la puerta A1 hasta la X más o menos. Todo esto sin carrito cargando mi “bolso de mano” (bolso de mano = 3 cosas). Se me rompen las manijas de la bolsa justo cuando empiezo a escuchar “último llamado al vuelo bla bla”. Así que, de qué otra manera podía terminar mi viaje si no era corriendo!

Aterrizamos en Buenos Aires. Después de las 12 horas de vuelo ya había caído y estaba chocha de volver a casa. Pero me quedaba mi último stress: el semáforo de la aduana. Yo me traía algo así como ¾ de España en mis valijas. Comida incluida. Una vez que pesco todas mis cosas de la cinta salgo con el carrito. La pila que traía me tapaba la cabeza. Quizás por eso cuando me vieron en la aduana se ve que dijeron: si a esta le sale rojo, tenemos laburo hasta navidad. Así que un señor aduanero muy gentil me dice: por acá, por acá… zafo de los controles y me quedo los quesos y jamones.

Home sweet home. Acá se termina mi relato de mi viaje a Europa. Se viene mi viaje por el Sur Argentino.

6 comentarios

  1. Jaimo dijo:

    Para mí estuvo bien en no dejar que los niños te vean, pobres criaturas de Dios. No sé qué opina el resto, pero a mí me parece que Vicky es un mal ejemplo.

  2. Jano dijo:

    Yo creo que la señora era un HIJA DE LA GRAN P…
    cómo no te va a dejar despedir a los chicos después de tres meses de cuidarlos.

  3. Ale dijo:

    Creo que esta bien cuidar a los chicos de ciertas situaciones, pero me parece que hay otras formas, es de una crueldad extrema no dejar que se despidan, cuando preguntaran por vos que les iba a decir, que te raptaron los extraterrestres, era mejor explicarles que volvias con tu familia.
    De verdad no tuviste dramas en Ezeiza???? QUE MINA MÁS AFORTUNADA!!! Si hubieran sabido que traias fiambres te destrozaban la valija, para tener qué poner en el “sanguchito” de la tarde jaja
    Besos
    Espero tu viaje al sur

  4. Mariano dijo:

    una turra la mina, ojala que se le hayan pinchado las ruedas al volver.
    inolvidable experiencia por lo que veo señorita V!
    vamos que quiero saber como te fue en el sur!
    pensar que yo lo mas lejos que viaje fue a mercedes y en bicicleta… que bajon lo mio

  5. Compleja dijo:

    Hey Vicky! gracias por pasarte por mi blog. Y sí, Guarda do Embaú es el paraíso, no puedo decir otra cosa. Supongo que habrás tenido tus aventuras por allá ;) . Espero leerlas pronto!

    Saludos

  6. Ernesto Schutz Ramirez dijo:

    Tu historia es bonita como tambien un poco triste. Creo que debiste despedirte de los nenes.

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