París – Lugareña por un día
En mi último día en París, me desperté bastante temprano. Desayuné y tuve que esperar otra vez a que el mexicano se acicalara. Encima llovía con ganas, así que tuve que salir con una capa que nada tenía de envidiarle a superman. Empezamos yendo al Georges Pompidour, un museo muy loco que me encantó. Cuando salimos, por suerte había parado de llover, así que me pude sacar mi disfraz de payaso. Fuimos a comer a Mc Donalds (le mac) y me enamoré de la mayonesa… hasta me llevé un sobrecito que todavía debe sobrevivir en el caos de mi cuarto.
Otro de mis caprichos era ir al Moulin Rouge… Así que hacia allá fuimos. En el metró me olvidé el gorro que me había tejido Gena y me quería morir. Me ofusqué mucho hasta que apareció el molinito rojo, me puse contenta y me olvidé de mi gorrito.
De ahí partimos rumbo a Montmatre, que era lo que yo había estado buscando desde que llegué a París. Las típicas callecitas de París que uno ve en las películas. Divino, hasta se escuchaba música de acordeón con La vie en rose… Eso ya me sonó medio a cliché (ya que hablamos en francés), pero igual buenísimo. Seguimos subiendo hasta llegar al Sacre Coeur… Al fin una basílica después de tanta catedral. Al mexicano le agarró el pedo místico y lo tuve que esperar a que rezara. Cuando entramos lo hicieron sacarse el gorro… Yo no tuve que… por que el mío andaba de viaje subterráneo. A esa altura ya debería estar por Constitución.
Salimos y nos sentamos en las escaleras de la basílica. En eso se acerca un japonés y nos sonríe haciendo sonidos raros. Nos dice: Ok? Ok? Y antes de que nos demos cuenta, se instala al lado nuestro, pone cara de whisky y la mujer nos saca una foto a los tres. (¿?) Nos vio cara de locales, supongo… aunque lo único que tengo de París es el mapita en mi mochila. Cuestión que un viaje con demasiada cosa rara… todo relacionado con asiáticos… gente muuuy rara.
Ya me quedaba poquito tiempo antes de tener que irme. Tenía una sola (casi) fijación / capricho pendiente. Y mi amigo mexicano me acompañó una vez más. Yo quería ir al canal de St. Martin, de donde Amelie tiraba sus piedritas. Partimos en la búsqueda del bendito canal que se las arreglaba para ir alejándose… no llegábamos másss. En el camino pasamos por lugares para el olvido… Terribles caripelas por todos lados… En eso aparece la Gare du nord y yo empecé: me suena ese nombre, me suena!! De donde me suena??? Hasta que me acordé de algo que me habían dicho, que era algo así como: Ni se te ocurra pasar por la Gare du nord!!!! Cuestión que aceleramos la caminata y llegamos nomás al canal de St. Martin. Lo que pueden los efectos cinematográficos!! El canal estaba todo cercado, hacía un frío polar y había que treparse para poder ver y lo que se veía era… un canal.
Volví corriendo al hostel y salí corriendo también. Llegué a tiempo a la estación y hasta me pude comprar mi último capricho: un agua Perrier. Que resultó ser qué? Agua.
Gaby Hernández dijo:
febrero 28, 2008 a 10:28 pm
Feliz Record!
Muy divertido Vic, cada cuento supera al anterior…quiero más!
Besos