París – Turismo necrológico
Me desperté y salí para Notre Dame. Muy lindo todo, pero no subí por que, por supuesto salía como 10 euros, que no tenía. Volví caminando al hostel y me lo encuentro a mi amigo el mexicano. Le digo que quería ir al cementerio y él, medio loco como era, se prendió enseguida. Pero él quería ver Notre Dame, así que partimos para ahí.. otra vez. Así que fui por segunda vez en media hora… Del jorobado, ni noticias… probablemente estuviera congelado con el frío de cagarse que hacía. En el camino al cementerio, quisimos pasar por la Plaza de la Bastilla. Y pasamos, nomás, previo discurso histórico del mexicano… que empezó a alardear, y para el culo, porque según mi guía, se equivocó. Ahí el invitó el almuerzo: pan lactal con quesito adlèr (en francés). Ahí nomás entré a comprar el postre a una panadería y me enteré de que sabía hablar francés. Me salió de la nada, la panadera me entendió y casi lloro de emoción. Previa parada desesperada en un baño público (me estaba meando), finalmente llegamos al Pere Lachaise, el cementerio de los famosos… es como un gran hermano vip, pero bastante más tranquilo. En la entrada te embocan un planito con las tumbas top, así no te perdés entre tanto muerto cualunque. El cementerio, increíble, de película. Hasta saqué un par de fotos, a pesar de que el Mex se oponía porque me decía que estaba robando pedazos de almas. Conversaciones religiosas al margen, seguimos con nuestro tour de ultratumba. Fuimos a la tumba de Morrison, la más visitada… llena de regalitos, flores y demás. También pasamos por la de Oscar Wilde, escritor inglés.. muy gay… cuya tumba está llena de marcas de besos que la gente le deja. El mexicano quería a toda costa ir a la tumba de Cortázar, que no aparecía por ningún lado… terminamos yendo a la administración del cementerio, lleno de una versión francesa de las empleadas públicas de Gasalla así que, de inglés, ni hablar. Saqué a relucir mi francés otra vez, y así nos enteramos que estábamos en el cementerio equivocado. Y salimos para el correcto.
Llegamos al Montparnasse, cementerio vip nº 2, medio justos con el tiempo. Este era más comunacho, porque no había planito. Dimos mil vueltas hasta encontrar la tumba, hasta que apareció, y el mexicano casi lloraba de la emoción! Lo dejé escribiéndole una carta a Cortázar y partí en busca de la tumba de Baudelaire. Había hecho un tp sobre él en la facu y estaba a full. A partir de ahí lo perdí de vista al mex y empecé a dar vueltas sin saber para donde carajo iba. En eso me increpa un guardia motorizado diciéndome (supongo) que el cementerio estaba cerrando. Le dije lo que buscaba y me dijo por donde ir, re mala onda. Finalmente encontré la tumba, que resultó ser… una lápida. No le escribí una carta, pero le dejé una piedrita. En eso estaba cuando empecé a escuchar los silbatos, que son el equivalente casero de “el negocio está cerrando, diríjase a la salida más cercana”. Salida que no parecía estar por ningún lado.. el mexicano tampoco… Sólo los silbatos, muchos muertos y yo. Empecé a buscar un poquito más inquieta, y nada… en eso arrancaron las campanadas de la iglesia y de lejos se escuchaban pajarracos que a mi –con el miedo que ya tenía- me sonaron a cuervos… A esta altura yo ya me veía en el Crónica parisino: “piba pasa la noche en cementerio. La encuentran disecada con cara de cuiqui”. Por suerte apareció un guardia que me fue arreando hasta la salida, a base de silbato y cara de culo.
El día no terminó ahí. Llegamos al hostel y, una vez más, el mexicano me dice: yo cocino, tú descansa. Sabemos que no me niego al descanso, así que eso hice. Por vigésima vez comimos fideos y de postre una torta que preparó la japonesa: crepes, crema, chocolate granulado y banana, capas y capas… medio rara la combinación pero rica. Después cayeron los italianos con helado y mini vainillas, y seguimos comiendo. Se fueron yendo todos y me quedé sola con el mexicano y los italianos. La conversación se fue poniendo más picante, lo que hubiera sido divertido si hubiera entendido ALGO de italiano. Así que me fui a dormir. Para qué. llego y me encuentro con mi nueva compañera de cuarto: una yankee con pinta de junkie que hablaba por teléfono moqueando. Yo le entendía todo, así que no podía dormirme porque era intrigante como la novela de las nueve. La mina estaba en un viaje de limpieza espiritual y física (derechito a la granja iba). Entre moco y moco, hablaba de drogas con su ex pareja, diciéndole que era lo mejor para los dos. Y empezaba: I miss you baby, oh, I miss your lips, bla bla… Todo le decía. Y lloraba… Y yo me sentía metida en Warner Channel. Finalmente corta el teléfono, y me puedo dormir. Pero llega la amiga de la junkie y ésta le empieza a repetir tooooda la conversación, de pé a pá. Y ahí yo, medio dormida, escucho que le dice: and I told HER that I want to be with HER. Tan dormida estaba que tardé en entender. Me aguanté la risa, pero por más gracioso que fuera, me di vuelta, las fulminé con la mirada, se callaron y me pude dormir. Al día siguiente en el desayuno se los conté a los italianos que se re cebaron con la idea de una lesbiana en recuperación. La buscaron pero ya se había ido.
Lu dijo:
Febrero 21, 2008 a 4:01 pm
Genial, el mejor de todos!